lunes, 28 de noviembre de 2011

Caleidoscopio

Dibujar con el cuerpo. Que el movimiento sea línea. Que la línea continúe. Que la línea sea energía en el cuerpo. Que la energía sea compartida. Que empiece a llenarse el espacio de colores. Energías diferentes que se pasan y rotan en cuerpos diferentes. Que alcanzan nuevas formas y llegan a nuevos horizontes. Líneas que de repente se convierten en un cuerpo con voz. Energía, que hablada es fuente de vida. Vida, que es mía o no. Que hace líneas, sube, baja, salta, gira, llena espacios y es de color. Vida compartida, en un espacio, un lienzo. Un lienzo que es escenario. Escenario de vidas, danzas, movimientos, líneas.
Una habitación con cuatro personas en silencio.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Piano


Entonces se sentó al piano. Tenía un aspecto un poco más que sencillo, al punto de descuidado. Las personas que habitúan ese tipo de galas, son siempre de las clases más altas, y esta no era la excepción. Así, es que eran inevitables las miradas de reojo y desprecio hacia quien acababa de sentarse al piano. Ninguno de los que estaban ahí le apostaba una moneda. Y, a decir verdad, tenían muchas.
Acomodó las partituras, iba a interpretar una pieza de Mozart. Puso sus manos sobre el teclado. Cerró los ojos. Comenzó a volar. Sus manos recorrían el teclado de una punta a la otra a una velocidad increíble, era difícil distinguir sus dedos de las teclas; los límites parecían perdidos.
¿Quién hubiera pensado que alguien con tan pocos recursos económicos podría manejar tan bien un arte que muchas veces se consideraba de élite?
Ninguno de los que estaba en la sala. No podía ser posible.
Pero lo era.
Cuando el público dejó de juzgar al pianista, se dejó llevar por la música. De repente, empezaron a notar que no era él quien volaba. Eran ellos.
¿Cómo? ¿Qué era lo que había hecho este joven? ¿Qué tenía de especial? ¿Era real lo que sucedía, o era sólo una alucinación causada por lo sublime de la música? Y si era así ¿Por qué no sentían el suelo en los pies?
El joven no parecía notar lo que sucedía.
Seguía sentado.
Tocando el piano.
Con los ojos cerrados.
El público flotaba. Los más pequeños jugaban a bucear en el aire. Los más grandes, a pasar por debajo de las faldas de las mujeres. Las mujeres sufrían porque sus hermosos y caros peinados podían desarmarse. Sí, se puede ser vulgar incluso perteneciendo a la clase más alta. A pesar de ello, se divertían. Querían que la pieza fuera eterna. Querían que el pianista, antes completamente despreciado, siguiera tocando, para siempre.
Si hay algo que caracteriza las obras de Mozart, es el cambio de sentimientos que hay de un momento a otro dentro de la música. Se puede pasar de una escena picaresca y simpática a otra poblada de la mayor tensión.
Esto sucedía. No sólo en la pieza, sino también en el flote del público. Durante los momentos alegres, el público se desplazaba en conjunto hacia un lado. Durante los momentos tensos, lo hacían hacia el otro.
La obra estaba por terminar. El público lo sabía. Luchaban contra la música que los mantenía en el aire para poder acercarse al piano, voltear la hoja de la partitura y pedirle al pianista que siguiera tocando. Sin embargo, la música se volvía cada vez más tensa y el público era arrastrado hacia un lado de la habitación. El lado opuesto, a ese en el cual, se encontraba el pianista. No importó cuanto lucharon, la pieza estaba a punto de llegar a su fin. Sólo un par de notas más…
Y el público tocó el suelo. No el de la habitación. La ventana estaba abierta y ellos en el séptimo piso. Tal vez no luchaban porque el pianista siguiera tocando, sino por mantenerse en la habitación. Tal vez veían que el final, no era sólo el de la pieza.
Pero eso deberían haberlo pensado antes de juzgar. Tal vez si lo hubieran considerado, el pianista los hubiera perdonado. Por que aunque se veía pobre y descuidado, porque aunque nadie apostara una moneda por él, porque aunque nadie hubiera visto qué era lo que tenía de especial, no era tan complicado.
Ninguno de los que estaba allí presente
se hubiera imaginado
que quién tenían enfrente
era a la muerte,
y que ésta
sabía tocar el piano.